Mi día comienza
¡Si supiésemos cuánto bien y abundancia de espíritu perdemos
por no acabar de levantar nuestros deseos de niñerías,
y cómo hallaríamos nuestra más profunda satisfacción
en este sencillo manjar del espíritu, si renunciáramos a nuestro gusto
por las cosas superficiales!
Es suma ignorancia pensar que podremos pasar a este alto
estado de unión con Dios sin primero vaciarnos de todas las cosas
naturales y sobrenaturales que pueden impedir nuestra unión con él.
La distancia entre lo que deseamos y la total transformación en Dios
que se nos ofrece es enorme.
¨Cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee no puede ser mi discípulo¨(Lc 14, 33).
Esto está claro, porque la doctrina que el Hijo de Dios vino a enseñar exige renunciar a todo lo que se interpone entre nosotros y nuestro Padre,
para poder recibir el don de su Espíritu.
Porque, en tanto que no nos desprendamos de nuestras posesiones,
no tendremos capacidad para recibir el Espíritu de Dios y la transformación que obra en nosotros.
A lo largo del día
Renuncia a lo que posees.
Mi día está terminado
Al descender esta noche, haz que recuerde otra vez que el alma
que anda en amor no cansa ni se cansa.
Sé que es suma ignorancia pensar que puedo alcanzar la unión contigo
sin primero vaciarme de todos mis deseos superficiales.
Pero parezco quedar satisfecho con limitar mi amla a niñerías,
sin darme cuenta, al parecer, de cuánto bien y abundancia de espíritu pierdo tan fácilmente, al hacerme ciego ante la diferencia entre lo que me contenta y la total transformación que tú me has ofrecido.
Desciende ahora sobre mi alma como un río de paz, para liberarme de mis incertidumbres, de mi miedo a la noche.

Comentarios
Publicar un comentario