Mi día comienza
¨La fe es la garantía de las cosas que se esperan,
la plena certeza de las realidades que no se ven¨ (Heb 11, 1).
Por lo tanto, si nosotros
¨nos hemos de acercar a Dios, debemos creer¨
(Heb 11, 6).
Por este sólo medio de la fe,
se nos manifiesta Dios en divina luz,
que excede todo entendimiento.
Para ver a Dios no debemos entender,
sino creer, ir por fe caminando con él,
no hay ninguna otra manera.
Cuanto más profunda sea nuestra fe,
mayor será nuestra unión con Dios
vaciando nuestras mentes y almas
de todas las imágenes, o ideas de él,
que hubiéramos recibido a través de los sentidos.
Debemos hacer nuestra subida en fe,
a oscuras, contentos de ir sin luz.
Porque el Dios que buscamos esté envuelto
en tinieblas,
¨El ha hecho de las tinieblas y de las aguas tenebrosas
el lugar de su morada (cf. Sal 18, 10).
Dios se acerca en una luz resplandeciente,
que es tiniebla para nuestros ojos.
En esa misma oscuridad,
debemos hacer nuestra subida.
Hacemos nuestra subida durante la noche.
Mi día está terminado
Al descender esta noche, recuérdame otra vez
que el alma que anda en amor, no cansa ni se cansa.
Señor, tú te acercas a mí en una luz resplandeciente,
que es tiniebla para mis ojos.
Tú has hecho de la oscuridad y de las aguas tenebrosas
el lugar de tu morada.
Pero es en esta oscuridad, y sólo en ella,
donde debo acercarme a ti,
y hacer mi subida a la unión que tanto deseo.
Para acercarnos a ti no debemos saber,
sino creer, ir caminando por fe.
No hay ninguna otra manera.
Desciende ahora sobre mi alma
como un rio de paz
par liberarme de mis incertidumbres
de mi miedo a la noche.

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