Día 3: Deja de lado lo que sabes.



Mi día comienza
Cuando nos gloriamos en nuestra sabiduría, 
nos convertimos en ¨necios¨, como advierte San Pablo.
Porque toda la sabiduría del mundo y toda la sabiduría humana,
comparada con la sabiduría infinita de Dios,
es pura y suma ignorancia.
Por eso, si contamos con nuestra propia sabiduría
para alcanzar la unión con Dios,
seremos verdaderamente necios,
y nunca alcanzaremos nuestra meta.
En nuestra ignorancia,
no podemos saber qué es la verdadera sabiduría.
Sólo aquellos que dejan de lado su propio saber,
y caminar con amor en el servicio de Dios
como niños sin experiencia,
van teniendo la sabiduría de Dios.
¨Si alguno le parece que es sabio entre ustedes,
hágase ignorante para llegar a ser sabio,
porque la sabiduría de este mundo es locura de Dios¨
(1 Cor3, 18-19).
De manera que, para venir el alma a unirse
con la sabiduría de Dios, antes ha de ir no sabiendo
que por saber.
Lo que consideramos luz debe convertirse en oscuridad.
Es la noche de la sabiduría que hemos atesorado.


A lo largo del día
Deja de lado lo que sabes.


Mi día está terminado

Al descender esta noche, haz que recuerde otra vez
que el alma que anda en amor, no cansa ni se cansa.
Escucha la oración de este necio que se gloría
en lo que confunde por sabiduría.
Ayúdame a dejar de lado mi saber,
y a caminar con amor en tu servicio
como un niño sin experiencia.
Que me vuelva ignorante para llegar a ser sabio,
¨porque la sabiduría de este mundo es necedad 
delante de Dios¨.
Para entrar en tu sabiduría debo ir no sabiendo,
más que por saber.
Lo que considero luz debo convertirse en oscuridad,
Desciende ahora sobre mi alma como un río de paz,
para liberarme de mis incertidumbres, 
de mi miedo a la noche.
 

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