Día 4: Somos lo que amamos

 


Mi día comienza

    La sabiduría de Dios nos habla por boca de Salomón, cuando dice en el Libro de los Proverbios: ¨Los simples aprendan la prudencia; los necios presten atención.
    En mi están la riqueza y el honor, la salud perpetua y la prosperidad.
Mi fruto vale más que el oro, más que el oro fino, y mi producto es mejor que la planta refinada (Proverbio 8, 4-6; 18-21).
    Nosotros somos los simples, los necios.  La sabiduría divina habla con todos aquellos que ponen su corazón y aficción en cualquier cosa del mundo.
    Y los llama pequeñuelos, porque se hacen semejantes a lo que aman, lo cual es pequeño.
    Nosotros somos esos pequeñuelos, porque estamos empequeñecidos por las cosas triviales que atesoramos.
    Las riquezas grandes y la gloria que amamos están en Dios, no donde nosotros pensamos.
    Podemos creer que conocemoss lo que es valiosos, pero las verdaderas riquezas se encuentra sólo en él, y ella son más valiosas que el oro o que las piedras preciosas.
    Y la vida que él genera en nuestras almas es más preciosa que la plata refinada, más fecunda que cualquier otra posible afición que podamos tener a las cosas de este mundo.
    Todas las riquezas y gloria de todo lo creado, comparado con la riqueza que es Dios, es suma pobreza y miseria.
    Y así, la persona que las atesoras es sumamente pobre y miserable, también, viviendo tan lejos de las supremas riquezas y gloria que únicamente pueden satisfacer al alma.  
    Pero no es fácil renunciar a ellas.

A lo largo de día
Somos lo que amamos.


Mi día está terminado

Al descender esta noche, haz que recuerde otra vez que el alma
que anda en amor, no cansa ni se cansa.  He estado buscando
en lugares equivocaddos lo que es realmente valioso,
lo que sólo en ti puedeo encontrar.
Soy uno de los necions que todavía se aficiona a las cosas del mundo, 
me he empequeñecido por las cosas triviales que atesoro.
He elegido lo que es suma pobreza y miseria, en lugar de la suprema riqueza y la gloria que únicamente tú puedes otorgar.
Sólo tú puedes satisfacer mi alma.
Y aunque viaje en la noche sin otra luz que la fe,
desciende ahora sobre mi alma como un río de paz,
para liberarme de mis incertidumbres, de mi miedo a la oscuridad.

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